El Coco

A. Castillo

En el parque, los niños gritaban sin parar, saltaban, reían y jugaban, mientras sus padres formaban corrillos para aprovechar el tiempo charlando.

—Ten cuidado no te vayas a caer —gritó una madre angustiada.

—No te alejes —advirtió la voz de otro padre.

Emily, observaba de reojo a su hijo. Llevaba unas semanas muy inquieto, incluso había tenido que ir a hablar con el director del colegio, porque había vuelto a agredir a uno de sus compañeros. Cuando, de pronto, vio como el pequeño tiró de la trenza de una de las niñas, hasta lograr que quedara sentada en el suelo llorando, le miró con ojos fulminantes.

—¡Collin, si no te portas bien, vendrá el coco a por ti!

El silencio se adueñó del parque, y Emily se dio cuenta en seguida de lo que había hecho. En su frustración, verbalizó algo de lo que nadie hablaba. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y las extremidades le empezaron a temblar. Recorrió con una mirada suplicante a los otros padres, miró en silencio a cada grupo, con las manos extendidas y la cara desencajada por el terror, pero ellos apartaron la mirada, algunos, incluso se giraron dándole la espalda.

Los niños, imitando el comportamiento de sus padres, se alejaron inmediatamente de Collin, que estalló en llanto, rompiendo el silencio que se había instalado en casi todo el vecindario.

Emily cogió a Collin, y abandonó el parque con paso rápido hacia su casa. Por el camino, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas y las de Collin, fue pensando si había algo que podía hacer para evitar lo que estaba por venir.

Las personas con las que se cruzó, ajenas a lo que pasaba, la miraban con sorpresa y preocupación, hasta que observaban la masa negra e informe que iba formándose a sus espaldas, y que les seguía cada vez más cerca. 

Emily y Collin, cruzaron el umbral de su casa para no volver a salir nunca más.

La policía, acudió al día siguiente para comprobar que ambos habían fallecido durante la noche. Como en anteriores ocasiones, algo había destrozado a Emily, y había escrito, con algo muy afilado, un mensaje en el pequeño cuerpo de Collin:

«El coco ha venido a por ti»

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